Subió
al trono de Egipto con menos de diez años y murió antes de los veinte. Sobre su
persona no hay certezas, sino dudas que el hallazgo de su fastuoso tesoro y de
su momia no han podido disipar. Su origen, su vida y su muerte siguen siendo un
misterio.
Tras años de investigaciones, y alentando el temor de no encontrar
sino otra tumba saqueada, la tarde del domingo 26 de noviembre de 1922 el arqueólogo
Howard Carter perforó la puerta de yeso y arcilla que bloqueaba la entrada a la
antecámara funeraria de la tumba de Tutankhamón, cuya puerta había abierto dos
días antes.
Entonces fue el deslumbramiento. A la escasa luz de una vela
introducida por la hendidura pudo ver “extraños animales, estatuas, y oro. Por
todas partes resplandecía el oro”. Había llegado a una estancia abarrotada de
objetos que hasta entonces nadie hubiera esperado encontrar: carros desmontados,
muebles, estatuas, docenas de objetos que sólo se habían visto en pinturas de
paredes de otras tumbas, y también señales de caos y desorden. En el suelo, aun
se veían las huellas de las últimas personas que habían estado en ese mismo
sitio tres mil quinientos años atrás.
El 16 de febrero de 1923 tuvo lugar la apertura oficial de la cámara
funeraria, que puso al descubierto la gran capilla dorada en cuyo interior –protegido
por otras tres capillas, el sarcófago y, dentro del mismo, tres ataúdes
antropomorfos- se hallaba el cuerpo del faraón.
Las labores de vaciado de la tumba y preservación de las piezas allí
encontradas se prolongaron durante una década. En un principio se creyó que ese
material añadiría importante información sobre los misterios que rodeaban la
vida y la época de Tutankamón, pero el tiempo demostró que la tumba no ofrecía
ninguna respuesta a tales cuestiones. Es cierto que el hallazgo proporcionó
gran cantidad de información sobre el mundo del arte, las costumbres religiosas
y los ritos funerarios de la época, pero no aportó certeza alguna sobre la vida
de este rey ni sobre sus orígenes. Tutankhamón seguía siendo un completo
enigma.
Sin embargo, el hallazgo de Carter convirtió a Tutahkhamón en el
faraón más conocido para el gran público
de todos los que reinaron del antiguo Egipto. ¿por qué?
La fascinación del Occidente contemporáneo por Egipto se había despertado a raíz de la conquista del país de las pirámides por Napoleón, en 1798. Durante el siglo XIX miles de europeos peregrinarían al país del Nilo para volver con féretros, momias y todo tipo de objetos adquiridos en un creciente y descontrolado mercado de antigüedades. Generaciones de saqueadores de tumbas contribuyeron a la desaparición de ese complejo culto funerario que constituía el críptico despliegue de la historia de Egipto. En 1922, y cuando nadie lo esperaba, cientos de esos objetos vistos sólo en pinturas se mostraron por primera vez a los ojos de los especialistas, en perfecto estado de conservación. Con ellos parecía nacer la posibilidad de conocer mucho mejor una de las etapas de la historia egipcia que despertaban mayor fascinación: el final del período de Amarna, la época de la herejía de Akhenatón, en el siglo XUV a.C. A este entusiasmo científico se le sumó otra pasión, la del oro que la cripta aguardaba en enormes cantidades. Por último, la tumba abierta en 1922 devino,
para el público y los investigadores, en un símbolo del irreprimible
deseo de hallar repuesta a las eternas preguntas sobre nuestro origen y
destino.
Opiniones
divididas
¿Quién fue este oscuro rey de la riquísima tumba que alcanzó el
poder cuando apenas era un niño y que hoy se ha convertido, junto con las pirámides
de Gizeh, en el icono más popular de Egipto? ¿Cómo murió?
Ninguno de los documentos conservados y conocidos hasta el momento
menciona los orígenes de Tutankhamón ni
dice explícitamente quiénes fueron sus progenitores.
Que Tutankhanmón era de linaje real lo probaría una inscripción en
un bloque de piedra caliza procedente del gran templo de Atón en Amarna, y
hallado en las ruinas de Hermópolis, en la orilla oeste del Nilo, donde se
puede leer: “hijo del rey, de su cuerpo, su amado, Tutankhu-Atón”.
Respecto a su padre, los especialistas se muestran divididos. Para
algunos fue Amenhotep (Amenofis) III, para otros, lo fue su hijo Amenothep IV,
llamado más tarde Akhenatón. Otras versiones niegan su linaje real y lo creen
hijo del jefe de carros Ay o de Esmenjkare, el sucesor de Akhenatón.
Hay varias inscripciones que parecen abonar la tesis de que
Amenhotep III fue su padre, aunque de ser así se debería aceptar una larga
corregencia de Amenhotep III y Akhenatón (ya que ello supondría que Amenhotep
III habría vivido lo bastante como para engendrar al pequeño TutankhamónI; un
hecho que algunos autores ponen en duda, y sobre cuya duración –en caso de
haberse producido- otrsos muchos no se
ponen de acuerdo.
Fuesen o no padre e hijo, Tutankhamón acabó varios de los trabajos
empezados por Amenhotep III, como la decoración de parte de los muros laterales
y comunas de la gran columnata procesional del templo de Luxor, donde menciona
en ocho inscripciones a Amenhotep III como su padre. Sin embargo, hay que tener
en cuenta que en el antiguo Egipto el término “padre” tenía un sentido muy
amplio y servía igualmente para designar al abuelo o a algún otro antepasado o
predecesor. El propio rey Ay, sucesor de Tutankhamón, nombra en algunas
ocasiones a Amenhotep III como su padre.
También es posible que Tutankhamón señalara a Amenhotep III como su
padre para distanciarse lo más posible de la época anterior de Amarna, en que
Akhenatón impuso el culto al disco solar de Atón en detrimento del culto a Amón,
que el rey niño se encargaría de restaurar. De este modo se podría erigir como
su heredero directo, olvidando el periodo de Amarna y la imposición del culto a
Atón. Las contradicciones que mantienen vivo el enigma vuelven a aparecer
dentro de la propia tumba: entre el ajuar funerario se hallaron numerosos
objetos de la época Amarna, algunos eran el nombre del propio Akhenatón, que
nunca había sido retocados ni alterados.
¿Quién
fue la madre del Rey?
Nada se sabe con seguridad. Una de las candidatas es la reina Tiyi,
la gran esposa real de Amenhotep III, que debería tener aproximadamente unos 48
años al nacer Tutankhamón, en la década de 1350. ¿Demasiado mayor para
engendrar y dar a luz? No del todo: dos años atrás habría alumbrado a la
princesa Baketatón (aunque se ha señalado que ésta podría ser hija de una de
las esposas secundarias de Akhenatón). En la tumba de Tutankhamón se encontró
un mechón de cabellos de Tiyi quien, en todo caso, fue abuela de Anjesenamón,
tercera hija de Akhenatón y Nefertiti y esposa de Tutankantón.
¿Era este último, como Anjesenamón, hijo de Akhenatón y Nefertiti) ¿O
bien era hijo del rey y de Kiya, su esposa secundaria? Un descubrimiento
realizado en Hermópolis reforzaría esta segunda hipótesis: donde se halló el
bloque que menciona a Tutankhamón como hijo de rey se encontraron otras
inscripciones en las que aparecen los nombres de Akenathón, Nefertiti y Kiya,
pero no hay referencias a Amenhotep III o a Tiyi, sus supuestos progenitores.
Y, como es sabido que Akhenatón y su esposa principal Nefertiti
tuvieron únicamente seis hijas, que aparecen en numerosos relieves junto a sus
padres, y como también se sabe que Akhenatón tuvo más hijos con otras esposas
secundarias, se señala como madre del rey niño a Kiya, la más conocida y de
mayor influencia, Kiya podría ser una hija de Thushrat, rey de Mitani; la
princesa Tadujepa o Tadukiya, nombre del que Kiya sería una abreviatura. Esta
princesa mitania dio a Akhenatón una hija, y se cree que probablemente le dio
un hijo varón, que algunos identifican como Tutankhamón.
Además, en un relieve de la tumba real de Akhenatón en Amarna (cámara
Alfa, muro F) hay una escena de duelo por la muerte de un miembro de la familia
real, que para algunos investigadores es Kiya, muerta, quizá durante el parto
de Tutahkhamón. El relieve muestra a una nodriza que sale de la habitación del
duelo y sostiene a un recién nacido. La acompaña una sirvienta que porta un abanico,
símbolo de la realeza. Precisamente Kiya desparece de la historia hacia el año 11
del reinado de Akhenatón, fecha que coincide, aproximadamente, con el posible
nacimiento de Tutankhamón.
No obstante, hay una escena similar en otra habitación de la tumba
de Akhenatón (cámara Gamma, muro A) donde se representa la muerte de Maketatón,
la segunda de sus hijas. Allí también hay una nodriza con un recién nacido en
brazos y dos sirvientas con abanicos. Los textos que acompañaban esta escena,
conservados en parte, han dado lugar a interpretaciones muy diferentes: en el
pequeño se ha visto tanto al vástago alumbrado por Maketatón en el parto del
que murió, como otra representación del pequeño Tutankhamón, esta vez como hijo
de Nefertitit.
Como se ve, los enigmas sobre el origen del faraón están lejos de
desvelarse, y las propuestas se suceden a medida que se revisan datos antiguos
o aparecen otros nuevos, como el descubrimiento, en 1997, de la tumba de Maia,
nodriza del rey, en Saqqara.
Un
niño sube al trono
De lo que no hay duda es de que fue Tutankhamón quien, con el
nombre de Tutankhatón (“imagen viviente de Atón”), sucedió a Esmenjkare, rey
que, a su vez, habría sucedido a Anjeperure Neferneferuatón, corregente de
Akhenatón. Este corregente ha sido identificado por algunos autores con la
propia Nefertiti, e incluso se ha creído que Esmenjikare no sería sino esta
reina, que quizás habría desaparecido de
la escena política tras un fracasado intento de mantenerse en el trono de
Egipto mediante la unión con un príncipe hitita.
Pero, puesto que Tutankhamón no llegaba a los diez años de edad
cuando accedió al trono, es indudable que fueron otros quienes durante su
reinado movieron los hilos del poder: el “padre divino” Ay y los generales
Najunin y Horemheb, que ya habían sido altos dinatatios de lacorte de Akhenatón.
Ay se mostrará muy próximo a Tutakhamón, apareciendo siempre como
porta-abanicos a la derecha del rey, y ostentado el prestigioso título de jefe
de los carros que ya poseía en tiempos de Akhenatón, un cargo desempeñado por la
más alta nobleza del Estado. Su esposa fue nodriza de Nefertiti, cuya
paternidad algunos autores han asignado a Ay, a quien se ha propuesto como
hermano de la reina Tiyi, esposa de Amenhotep III. Por su parte, Horemheb –cuya
segunda esposa Mutnedyemet era probablemente hermana de Nefertiti- ocupó
durante el reinado de Tutankhamón el puesto de “regente”, aunque el verdadero
poder estaba en manos de Ay, quien lo
ejercía apoyado por Najtmin, probablemente antes de que Tutankhamón subiera al trono lo casaron con
Anjesenpaatón, que debía ser dos años mayor que él. Con esta boda quedaba
confirmada la transmisión al nuevo monarca de la esencia divina por parte de la
joven princesa, que poco tiempo antes se había desposado con su propio padre.
El
retorno al antiguo poder
Es probable que la coronación del joven faraón tuviese lugar en
Tebas, en el recinto sagrado del gran templo de Amón en Karnak, ya que de
alguna manera era preciso reinstaurar el antiguo orden y la supremacía del dios
tebano Amón en todo Egipto, restableciendo a Tebas como la capital religiosa,
función que Akhenatón había trasladado a una ciudad de nueva planta, Amarna. El
cambio de nombre de Tutankhatón a Tutankhamón (“imagen vivente de Amón”), y el
de su esposa Anjesanpaatón (“su vida es de Atón”) a Anjesenamón, no se hizo de manera
drástica, puesto que varios objetos hallados en la tumba del rey denotan que
fueron realizados para esta ceremonia de coronación y aún presentan el nombre
atoniano del monarca.
Otros
objetos, como el Trono Dorado, fueron adaptados sustituyendo el nombre del dios
Atón –que conformaba el nombre de Tutankhatón- por el de Amón, pero se dejó el
nombre de Atón en la parte posterior y en el lateral derecho; en esta pieza
tampoco se alteró la típica representación del dios
Atón en forma de disco solar radiante. La parte posterior del trono
es el único lugar dodne se menciona a su esposa con el nombre atoniano de
Anjesenpaatón.
No se sabe donde residió Tutankhamón al principio de su reinado, si
en Tebas, Menfis o la propia Amarna. Pero después se trasladó a Menfis, donde
probablemente Horemheb y Ay le inspiraron, hacia el tercer año de reinado, la
promulgación de un real decreto que fue grabado sobre la llamada Estela de
la Restauración.
Constructor
y restaurador
En la estela es describe el lamentable estado en que se hallaban
los templos de todo el país como consecuencia del abandono sufrido antes de
su acceso al poder, durante el período
de Amarna, cuando Akhenatón, dedicado al culto del dios Atón, había destruido estatuas,
relieves y pinturas donde aparecían la imagen y el nombre de Amón. Por ello se
puso en marcha la construcción y restauración de edificios. Además, se
restableció en la jerarquía sacerdotal “a los hijos de los principales nobles y
sabios reputados de cada ciudad, enriqueciendo sus propiedades con oro, plata,
bronce y cobre sin limitación”. La huella más certera de Tutankhamón, es, así,
la del rey que restauró el culto a Amón. Pero poco más se sabe.
El
gran enigma: Su muerte
Aunque rica para los arqueólogos, la tumba de Tutankhamón no se corresponde
con la dignidad que se supone a un faraón, ya que es de reducidas dimensiones.
¿Por qué? Tutankhamón falleció de forma repentina, tras un máximo de nueve años
de reinado, en la década de 1330 a.C. Es probable que su sucesor Ay adaptase a
toda prisa una tumba privada ya existente –posiblemente la suya propia. La cámara
del sarcófago es la única que fue decorada, pero sin seguir los cánones
establecidos para una tumba real. En sus muros aparece la escena de la apertura
de la boca del rey difunto realizada por Ay como rey sucesor, como si este último
hubiese querido reafirmar su legitimidad para ocupar el trono egipcio. Este
hecho y lo súbdito de la muerte de Tutankhamón han alentado numerosas
especulaciones sobre la causa de la misma, proponiéndose múltiples hipótesis al
respecto.
A finales de 1923, una primera autopsia de la momia puso de
manifiesto el deficiente estado de conservación de los restos. En 1968, una
nueva exploración reveló la presencia de un pequeño fragmento de hueso en el
interior del cráneo, lo que dio un nuevo empuje a la teoría del asesinato, del que
Ay habría sido supuesto beneficiario. Más tarde se sugirió que este hueso habría
sido desplazado de la región facial durante el proceso de momificación, al
insertar por la cavidad nasal los garfios para extraer el cerebro por la nariz.
Un examen más reciente de las radiografías tomadas entonces permitió observar
en la base del cráneo una mancha que se podría identificar con una hemorragia producida
por un golpe que sólo podía explicarse si se había recibido en posición
horizontal, es decir, mientras el faraón dormía. Otros creen que la causa de la
muerte pudo ser un accidente o alguna enfermedad, pero el mal estado de
conservación de la momia ha impedido obtener pruebas concluyentes.
A la
muerte de Tutankhamón, Ay (de entre 60 y 70 años de edad) ofició su funeral y
se coronó rey, probablemente legitimado por sus vínculos sanguíneos con la casa
real. Respetó la memoria de Tutankhamón y no usurpó ninguno de sus monumentos,
y murió tras cuatro años de gobierno. Sus representaciones fueron objeto de una
destrucción sistemática que cabe atribuir a su sucesor, Horemheb, quien también
se encarnizó con la memoria de Najtmin. Sin duda, no fue ajena a estos
hechos la pugna entre Ay y Horemheb por el ascendiente sobre Tutankhamón
y la consiguiente lucha por el poder.
Horemheb dirigió su odio contra Ay (como lo demuestra la violación
de su tumba, mientras que la de Tutankhamón quedó intacta) y prosiguió las
reformas destinadas a borrar todo rastro de la época de Amarna; a él se deberían
el desmantelamiento de esta ciudad y la demolición del templo de Atón en
Karnak. Dejó como sucesor a un general: Ramsés I, fundador de la dinastía XIX,
cuyo nieto, Ramsés II, ordenó suprimir de las listas reales los nombres de
Akhenatón, Tutankhamón y Ay. Condenado de este modo a una perenne oscuridad,
Tutankhamón emergería de ella más dos milenios después.
Fuente: JAUME VIVÓ
SOCIEDAD CATALANA DE EGIPTOLOGÍA
REVISTA NÚMERO 3
HISTORIA- NATIONAL GEOGRAPHIC